Tabarca, situada a once millas al sur de
Alicante, cerca del cabo de Santa Pola fue antaño refugio
de piratas. Tabarca, situada a once millas al sur de Alicante,
cerca del cabo de Santa Pola fue antaño refugio de piratas.
La tradición afirma que en
ella recaló el apóstol San Pablo, y de ahí
el nombre que tenía su pequeño asentamiento poblacional.
Tal
asentamiento se fortificó en 1760, en tiempos del rey Carlos
III, y se edificó una ermita, sentando además el basamento
de su pequeño puerto, que hoy sirve para arribar los barcos
que parten del puerto de Alicante, siempre repletos de excursionistas.