La
cocina de la costa es, naturalmente, la cocina del pescado. El empleo
del pescado ha tenido, a lo largo de siglos, el inapreciable valor de la aportación
de proteína animal a la alimentación de todos los estamentos sociales
en la España periférica; en tanto que en la meseta, el jornalero
y su familia, en régimen vegetariano forzado, tenían su asidero
proteínico en el cerdo y su clavo ardiendo en la caza furtiva, única
especie de terrorismo justificado en la moral cristiano-marxista del español
de siempre.